Publicado el 23 de abril de 2001
Las epidemias de SIDA, tuberculosis y paludismo no son inevitables, como lo demuestran muchos países en desarrollo en los se están aplicando con buenos resultados estrategias encaminadas a superar estas enfermedades de la pobreza. En efecto, en todo el mundo las comunidades se han movilizado para utilizar sus conocimientos, aptitudes y recursos con vistas a neutralizar el efecto devastador de enfermedades que diezman las poblaciones más pobres y vulnerables.
Este es el mensaje explícito del informe de las Naciones Unidas sobre 'La Salud, elemento fundamental para la prosperidad: experiencias positivas en países en desarrollo'. Publicado conjuntamente por la OMS, la UNESCO, el UNAIDS, el FNUAP y el Banco Mundial, el informe señala algunos factores fundamentales a tener en cuenta en la lucha contra las enfermedades, entre ellos las enfermedades infantiles y las condiciones maternas y perinatales, incluso en ambientes con pocos recursos. Señala también en forma detallada algunas experiencias positivas tomadas de 20 países diferentes, que abarcan una amplia variedad de situaciones económicas, sociales y geográficas.
Uganda, Tailandia y el Senegal representan experiencias nacionales positivas en la lucha contra el VIH/SIDA. En el último decenio se han salvado de la tuberculosis millones de vidas gracias al éxito logrado en la lucha contra esa enfermedad en algunos países como China, la India, el Nepal y el Perú. El paludismo ha retrocedido en Azerbaiyán y Viet Nam y disminuido en algunas partes de Kenya y Etiopía. La mortalidad y discapacidad infantiles han disminuido en Bangladesh, Benin, Brasil, Malawi, México, Pakistán, Tanzanía y Tailandia. Y en algunos países, como Sri Lanka, ha mermado la mortalidad materna.
Una quinta parte de la población mundial corre peligro de contraer paludismo, y cada año se registran más de 300 millones de casos. Además, el paludismo causa la muerte de más de 1 millón de personas, en su mayor parte muertes que podrían haberse evitado. La falta de sistemas sanitarios, la resistencia a los medicamentos, el desplazamiento de la población, el deterioro de los servicios de saneamiento, los cambios climáticos y, en algunos casos, la falta de planificación de actividades de desarrollo, contribuyen a la difusión del paludismo.
En 1998, la OMS, el Banco Mundial, el UNICEF y el PNUD crearon la Asociación mundial para la eliminación gradual del paludismo (RBM) para ayudar a los países a reducir a la mitad la carga global del paludismo para el año 2010. La Asociación, en la que intervienen gobiernos, organismos de desarrollo, la sociedad civil y los medios de comunicación, tiene por objeto garantizar a los enfermos de paludismo el acceso a un tratamiento apropiado y económico, y promueve el recurso a medidas personales y comunitarias para proteger a las personas que se encuentran en situación de riesgo, particularmente los niños pequeños y las mujeres embarazadas. La Asociación promueve, además, acciones encaminadas a mantener un nivel máximo de vigilancia para prevenir las epidemias y los brotes de paludismo.
Aunque ya se ha avanzado mucho en las iniciativas emprendidas, queda todavía mucho por hacer. La cuarta reunión de la Asociación mundial para la eliminación gradual del paludismo (Banco Mundial, Washington D.C., 18-19 de abril de 2001) tendrá como objetivo específico identificar la forma de incorporar nuevos actores y de intensificar las iniciativas en el plano nacional. En concreto, abordará la cuestión fundamental de cómo pueden los países afectados de paludismo y sus asociados realizar actividades que vayan más allá de los programas de lucha contra el paludismo, más allá del sector de la salud pública y más allá del sector público.
Para obtener informaciones sobre la RBM, consúltese el http:www.rbm.who.int